jueves, 1 de mayo de 2008

Fragmentos del libro "Elementos", de Javier Abarca


Javier Abarca Medel (1967), más conocido como Xirok, es un viejo amigo y poeta, que vive trabajando entre libros y versos en su librería Flor de Lis, de calle Huérfanos. Editó el año 2001 sus "Poemas de Malamar" en forma independiente y ahora me ha dejado publicar algunos poemas de su último trabajo, "Elementos", que permanece inédito y que se suma a otros poemarios suyos que lamentablemente aún no llegan a las prensas, como “Los Ecos de Karpó” y “Príncipe de gran poder”. “Elementos” es un libro dividido en cuatro partes: “En el aire”, “Tierra de nadie”, “¡Fuego!” y “Bajo el agua”. Requiere una lectura continua, pero me he permitido escoger algunos fragmentos que creo pueden leerse de manera independiente.


De “En el aire”

IV

Ventrílocuos somos del perfume y la luz.

¿Es el cielo promesa de inmortalidad?

El pájaro no es el ala
lo sé
porque guardo una escalera que no sirve.


XIII


Si lo dicho no alcanza
toda verdad es un accidente.

¿Hay dolor en esto?

Uno cree recordar
pero toda garantía ata.


De “Tierra de nadie”

XIII

Deseo un gato impasible
que me mire.
Alguien llora por algo que ignoro
Hay piedras preciosas en el limo.
Huellas de la partera al cortar el cordón umbilical.
La serpiente
el látigo
la cuerda
el falo.
La palabra ingrata y despiadada que nombra
es una excusa para los abrazos que acunan las arterias.
Nos delata dar malas noticias
obliga ver lo que otros no ven.


De “¡Fuego!”


II

La misma mano que se masturba
enciende la flecha.
Ciudades destruidas,
escombros.

Poemas de amor.

¡Calamidades!


VII

En llamas
persigo el reposo
solo.
Cenizas después del coito.
Te pareces o te asemejas al beso que se esquiva.
¿Qué ves cuando tu boca llega y juega?
Tan cerca
Tu antes que te viera
Mi antes de tocarte.
Eres la triste mía de otro.
Pongo el rubor por testigo
y nuestras cenizas que nos interrogan entre otras cosas.


De “Bajo el agua”

I

Invisibles seres en el agua
ocultos unos de otros
cada uno con su cada uno.

Pero el oído sabe y la boca quiere
del hombre sumergido
eso que ha olvidado.


¿Qué elige por mí dentro de mí que me permite recordar
/estas cosas?


El delfín duerme
alternando la mitad de su cerebro
soñando, no soñando.
Así naufraga mi memoria.

¿Quién puede permanecer bajo el agua,
dormir
no dormir mientras nada?


XVIII

La sed permanente.
El afán.
Mi disfraz de certeza.
La sal seca mis labios
estremeciendo con violencia
mi garganta
y evoca lo húmedo.

Confundido, canto
mientras otros se atan al mástil.

Lo heroico no participa de viejos nudos
porque se ha de vivir desatado.

No hay comentarios: