por Guillermo Carrasco Notario

Tatiana Alamos ha llegado cargada de tapices, de viejos saris recogidos en la India, de pinturas con personajes de mucha fuerza biográfica, en las que se entremezclan retazos de textiles y tejidos recolectados a través de la vida, como en “Homenaje a Violeta Parra”donde forma parte de la obra un pedazo de frazada que proviene de la casa de Violeta.
Andrés Vio ha elegido traer sus célebres tejidos de papel periódico, proeza de paciencia en que se verifica la antigua alquimia del artista que transforma el material pobre y desechable en objeto que perdura cargado de sentido: obra de arte. También ha traído pinturas de meticulosa ejecución, obras en las que la trama del tejido de papel es espejismo técnico o fantasmal memoria.
En esta junta de urdimbres que se ha verificado en Talca, la de los tapices, saris y telas de Tatiana y la de los papeles de Andrés, hay una atmósfera que me entusiasma; porque para celebrar el encuentro amistoso, mágica sincronía de dos universos creativos, han elegido estos tejedores los más humildes elementos, han armado una fiesta con guirnaldas hechas con el diario de domingos pasados y viejos fragmentos de tela y lana. Una fiesta hecha a las mil maravillas con casi nada –privilegio de quienes hemos nacido en pueblos más pobres según Lihn.
Lo bello de todo esto es que en esta particular reunión de obras, tal como ocurre con el encuentro de los corazones, las cronologías se equilibran y por arte de magia amistosa, el ilusorio tic tac del tiempo se detiene. Los hilos o fibras de estas obras se desembarazan aquí del polvo de su historia, y para nosotros vibran con un tiempo nuevo, con el nuevo sentido que les da la reunión amistosa de sus creadores.
Es, por otro lado, un encuentro en que cada uno aporta su diferencia. Tatiana, con sus poéticos homenajes a su madre, a Violeta, a Jorge Negrete, en los que no sólo desborda el color, sino la propia materia constructiva a la que muchas veces le queda chico el formato del cuadro y sigue su impulso hacia abajo o hacia arriba, más allá de los límites de la tela, y Andrés con sus urdimbres de papel que trasuntan mucho silencio y hacen caso omiso del tantas veces detestable contenido de sus impresas letras de molde, son dos creadores que dialogan y en su ejercicio creativo van tejiendo la misteriosa geometría de la amistad, proeza tanto más difícil en nuestro mundo de individualismos a ultranza.
Celebro el encuentro en Talca de dos obras que me entusiasman porque en ellas vibra un espíritu muy genuino y muy poético; pero sobre todo celebro la elección de estos creadores, de reunirse no a través del arte sino de la amistad, poniendo de este modo a sus obras en el preciso lugar que le corresponde a toda obra de arte: el centro de la vida.
(Tatiana Álamos y Andrés Vio. "A través de la amistad". En Centro de Extensión “Pedro Olmos”, 2 Norte 685, Talca. Hasta el 3 de marzo).