sábado, 28 de junio de 2008

La ruleta rusa de Felipe Moncada

(“Músico de la corte”, Felipe Moncada, Editorial Fuga, Valparaíso, 2008)

por A.F.

Finalmente, creo que no comulgo con el sin-sentido, a menos que tenga sentido. Los surrealistas lograron habilitar otras vías de conexión con el inconsciente y los que eran poetas lograron estremecernos. Así han venido otros, como Celan o Rosamel del Valle que nos dieron bellos enigmas, autónomos y no referenciales. Cuando la poesía se muestra a partir del sin-sentido, tenemos otro tipo de conexión con el misterio, con lo no-nombrado. Eriza no entender y sin embargo entender. Pero cuando el sin-sentido es un mero tirar de dados para hacer algo literariamente novedoso o inteligentemente conceptual, es sólo artificio, retórica fácil, texto vacío.

Ya lo sé: Dios no es tarado

ni compone arrojando dados

como charlatán de feria.

Es tan difícil escribir sobre los compañeros de ruta, tener que leerlos empañando sus libros con nuestro ánimo de momento. Por eso la crítica me parece siempre relativa y sólo importante cuando construye puentes entre un hipotético lector y la obra en cuestión. Y esos puentes siempre serán distintos, incluso sin son construidos por la misma persona en diferentes momentos. Hoy, domingo brumoso, releo “Músico de la corte”, de Felipe Moncada (1973), y veo en él un divertimento que tiene sentido, y que no es un invento para agradar a la corte que quizás somos nosotros mismos.

En tono de opereta y bellamente ilustrado con dibujos de Pablo Valdés, este libro construye sentido a partir del juego y del ritmo, de imágenes excéntricas y un oído definitivamente contemporáneo, que no se deshace completamente de la racionalidad y se permite intelectualizar sus intuiciones, inscribiendo su obra en el ahora del arte contemporáneo.

Así, el sin-sentido, en Moncada, no es un dictado automático del inconsciente. Aquí hay intención y dados cargados. Una amalgama de tradiciones diversas, bien asimiladas y desacralizadas, que en Chile podríamos vincular a la obra temprana de Huidobro o a la coloquialidad de Parra, pasando por Lihn y Teillier, con Li Po entre medio y una informada cultura musical. De todos modos, no es una colección que se aleje completamente de lo discursivo, sin que eso sea un reproche. Quiero decir: esto no es música de supermercado, despolitizada, seudo-estetizante y aséptica como la que escuchamos en el Paseo Huérfanos o leemos en otros poetas “de avanzada”. Quizás este verso sea un buen botón de muestra: “Mi destino es un aro de luz /y no una estrella en la camisa”.

Pero es eso y más y menos. Moncada me parece interesante porque se conecta con una cotidianidad trascendente y a la vez situada, que pese a desacralizar no olvida que pertenecemos a un todo misterioso, a una verdad que nos desborda, que es sugerida sin gravedad. No se queda en el gesto metapoético anti-metafísico. Hay una vida poética interior que bulle y se nos presenta, a veces balbuceante, a veces lúdica, con un humor que se conecta sutilmente con lo trágico:

Solamente me entrego (dijo)

si demuestras la existencia del silencio

elegí un cementerio en la costa

y puse un par de nubes en la pecera

varios días sin comer me dieron la pista:

debía caminar en espirales

respirando lo mínimo posible

entonces la nube comenzó a vibrar

penetrando cada milímetro de pasto

y se logró el silencio por vez primera

cosa que luego se volvió rutina.

El sanfelipeño Moncada está construyendo un tono bastante personal y digno de la mayor atención. Quiere escuchar “los engranajes del aire” y que oigamos “el vacío del mundo”, mientras nos sugiere que “toda melodía es una conjetura”.

Al citarlo, me doy cuenta lo inútil de glosarlo. Así que dejo este “oficio de tinieblas” y le cedo el final acorde: “no estoy para fantasías mecánicas /así que vuelve mi sombra a su bajo perfil // olvida mi poesía de ruleta rusa”.

martes, 24 de junio de 2008

Un poema de Fenelón Arce

Fenelón Arce (1900-1940) es un poeta chileno que falleció sin publicar libro alguno. Algunos de sus poemas quedaron dispersos en revistas y antologías. Formó parte de la generación renovadora de nuestra poesía en la década de 1920, junto al grupo "Ariel", que integraron también su hermano Homero, Rosamel del Valle, Juan Florit, J. Moraga Bustamante y el dibujante Efraín Estrada Gómez. Sabemos que dejó dos libros inéditos y que permanecen perdidos, seguramente para siempre. Pero algo quedó:

POEMA

Ataúd de regocijos, mi corazón toca el timbre entusiasmado
por ti, niña dolorida, y tus manos encima del horizonte;
tu risa está saltando en el columpio de estas horas:
vidriera de novedades, estás mostrando el juguete espontáneo
de tu corazón, en tanto detrás de esta neblina te contemplo.
No preguntes por qué desdoblo tu nombre entre mis manos,
mientras suenan a orquesta tus palabras de jueves,
he pasado esta noche amarrando recuerdos tuyos
con el lienzo de tus últimas actitudes nocturnas;
en torno mío ha reventado un cohete de silencio,
niña, te has disfrazado ante mis ojos primitivos,
corzo de flores o frasco de esencia, algo así te adivino
desde este vehículo en que viajo por la vereda de los vientos;
delante de ti no hay nada ni del viento ni mío,
mi nombre era una pastilla en tus labios frutales,
murió en tu corazón tu traje de novia y mis regalos,
queda el cartel de mi cariño en la muralla de tu olvido.

(En Poetas Jóvenes de América, de Alberto Guillén. Madrid, Aguilar, 1930, p.108).

martes, 10 de junio de 2008

La necesidad de nombrar

Por José Miguel Ruiz

En general nos movemos por el mundo sin nombrar las cosas. Vemos, por ejemplo, un pájaro en una rama y decimos que es un pájaro y donde está... en un "árbol". No decimos "es un tordo en un cedro", "una eufemita en el magnolio", "una loica en el espino", "un zorzal en el abeto", y si bajamos la vista no sabemos llamar a la vincapervinca, al helecho, a las pequeñas plantas que hallamos y hollamos a nuestro paso. Somos un poco, o bastante, extranjeros en este mundo. Caminamos sin poder nombrar. Nos faltan las palabras precisas. Paseamos por la plaza y pocos son capaces de llamar a cada árbol por su nombre.

Qué distinto sería todo si pudiéramos reconocer a los árboles y plantas que encontramos por cualquier parte y darles su nombre exacto (no estoy pensando en la terminología científica, propia de los especialistas): plátanos orientales, álamos, olivos, cedros, abetos, abedules, encinas, ceibos, cipreses, laureles, magnolios, pimientos, sauces, eucaliptos, jacarandaes, aromos, acacios, ficus, boldos, peumos, litres, canelos, saucos, gomeros, buganvillias, abutilones, jazmines de España, jazmines del cabo, la flor de la pluma, madreselvas, diamelos, lilas, maitenes, el cedrón, camelias, laurel, rosa, fucsias, hortensias, espuelas de galán, achiras, fresias, azucenas, lirios, jacintos, narcisos, violetas, la flor del loto, acantos, docas, agaves, crategus, ligustrinas, nogales, paltos, damascos, granados, ciruelos, almendros (no decimos etcétera todavía, de adrede, por el solo gusto de nombrar), higueros, maquis, papayos, y muchos más. O ir por la ribera y poder nombrar a cada una de las hierbas que encontramos. Nos sentiríamos más en casa, más parte de este planeta nuestro, tan diverso, tan pleno de elementos y cosas por nombrar.

Pero se enseña poco el nombre de las plantas. En los colegios debería al menos un ejemplar de cada especie de árbol tener escrito su nombre. El profesor de Ciencias Naturales quizás podría llevar "a terreno" a sus alumnos y ponerlos en contacto con "el mundo en que vivimos", enseñarles a reconocer y a nombrar la naturaleza y con ello crear "la necesidad de nombrar". Una salida al campo, a las plazas, sería muchas veces más útil que el permanecer entre las paredes de la sala de clases. Aprenderían nuestro niños y jóvenes los nombres de los que nos acompaña a diario, de la vida en otra de sus manifestaciones, y de ahí al respeto por la naturaleza hay sólo un paso. Se respeta más lo que nombramos. Con el nombre las cosas salen de su "ser-genérico" y se nos hacen familiares.

Un día supimos de un profesor que le pidió a un joven que no estaba muy interesado en clases que saliera al patio y que le trajera anotado en su cuaderno los nombres de cada uno de los árboles y de las plantas que hallara. Este regresó sólo con un par de nombres y con el descubrimiento de que vivía en un mundo ignorando mucho de lo cotidiano de su entorno. En el fondo, era un extranjero en su propio colegio.

Mirar en la noche las estrellas y contemplarlas ya es mucho, y hermoso; pero cuando estas empiezan a ser nombradas. Orión, las Tres Marías, la Cruz del Sur, Escorpión, las Pléyades, la Constelación del Toro, ocurre que nos sentimos parte no sólo del planeta sino de un universo que empezamos a reconocer y a nombrar. Somos, entonces, ciudadanos del mundo y del universo.

Ver volar las aves y llamarlas por su nombre: queltehues, tordos, zorzales, jilgueros, loicas, triles, tencas, perdices, diucas, codornices, tortolitas, gorriones, gaviotas, alcatraces, cormoranes, y reconocer la solitaria eufemita, o con su pareja, libando en los abutilones, el escurridizo chercán, el casi doméstico chincol, el búho, la lechuza, el tiuque, el jote, todo esto contribuirá a hacernos menos solitarios, a que nuestras raíces se extiendan en nuestro planeta o, al menos, en nuestro lugar cotidiano. Y no pensemos que haya que aprender siempre estos nombres en los libros, ni en el jardín botánico ni en el zoológico, sino donde están mejor que en ninguna parte; ahí en nuestro entorno.

Alguien, o todos, en la escuela tiene que enseñar a nombrar lo que nos rodea, y ese maestro será inolvidable, porque generó en sus alumnos "la necesidad de nombrar". Con ello, cada uno podrá decir: "Vivo en un mundo que nombro, esto es, próximo, conocido, familiar...". En suma, en donde, en mayor medida, sabemos cómo nos llamamos. Desde allí, lo fraterno está más cerca.

(Publicado originalmente en El Líder de San Antonio el 6 de noviembre de 2001)

lunes, 2 de junio de 2008

Una balada de Carlos Henrickson


Carlos Henrickson Villarroel (Santiago, 1974) ha publicado varias
plaquettes y libros de cuentos y poesía, entre los que se cuentan Y si vieras la mañana (cuentos y poemas, Tomé, Ed. SRF, 1998), En tiempos como éstos (cuentos, Valparaíso, Ed. Gobierno Regional de Valparaíso, 2002) y An Old Blues Songbook (poemas, Santiago, Ed. del Temple, 2007), libro del que alguna vez hicimos una reseña. También ha realizado trabajos de crítica literaria, traducciones, recopilaciones de poesía porteña y ha organizado diversos encuentros poéticos. Ahora nos ha dejado publicar un poema inédito, de un nuevo conjunto en construcción.

BALADA DE LA APUESTA

Para S.

Parece simple empuñar la mano
y dejar las fichas en esta diabólica
mesa reglada: el croupier es un borracho
que sería mendigo sin esta ocupación
de estafa y juegos de mano evidentes
para el ojo bien entrenado. ¿Entrenaste
bien la pupila los doce años obligados y esos
cuantos más que hacen falta para ser
gente de provecho? Así que ves en qué
consiste este mercado de la usurpación:
ni la peor fiesta tropical dominguera
resistiría este tipo de escenas. Las tres patas
de la mesa del mercado del mundo cojean
y son de madera terciada. Todo se ha degradado
tanto, tanto, que obligados ponemos las fichas
en este gesto que parece tan simple. Pero hay
una diferencia. De vez en cuando tenemos que hacer
este truco: ocupamos con el cuerpo en pleno,
de un solo salto, la casilla, y la mesa
tambalea, las patas y la cubierta se despedazan
y dispersan, el resto de parroquianos miran,
aterrados. Y el borracho huye, pues reconoce
a un conocedor. El mundo es así de frágil:
un cualquiera como nosotros, torpe
lo hace caer; y siempre, siempre así, se gana
la apuesta, enteros para otro turno de baccarat,
otra larga noche en el casino, sonrientes,
vivo el color de las mejillas,
victoriosos.

viernes, 30 de mayo de 2008

Bandera a media asta por Lukó

Este blog baja su bandera a media asta por la reciente muerte de la artista Lukó de Rokha, quien preparaba una exposición que se inaugurará a mediados de junio en el salón Bicentenario de la Biblioteca Nacional. La siempre vital escritora y periodista Virginia Vidal nos ahorra palabras y habla cálidamente de la fallecida pintora en su Anaquel Austral. Usted lo puede leer aquí.

sábado, 24 de mayo de 2008

Documentales mapuches online: sorteando el matonismo de Estado


por Marcelo Morales

Quien maneja la información siempre parece tener la verdad. El caso de Elena Varela (muy bien reseñado en un post anterior) y las injustas acusaciones “terroristas” que la prensa, el gobierno y la derecha le han achacado, junto al despojamiento del material que había obtenido de su investigación sobre el conflicto mapuche, no hacen más que hacernos sospechar. Sospechar, una vez más, que en este tema siempre se busca esconder algo, situaciones que están detrás de los ataques a los terratenientes, de los inexplicables allanamientos de carabineros a familias mapuches, de juicios donde ellos pierden la paciencia y son puestos como descontrolados y salvajes.

Elena Varela andaba en la búsqueda de esas respuestas a través de un documental en el cual llevaba varios años trabajando y que recibió el ahora cuestionado aporte de un fondo audiovisual. Un trabajo del que difícilmente veremos su resultado final. Pero ha habido otros valientes intentos que sí han logrado salir a la luz y enfrentando la poca difusión que han tenido los reseñamos a continuación, incluyendo los links respectivos para poder apreciarlos.


El Juicio de Pascual Pichún

Este es quizás el más renombrado documental del último tiempo sobre el tema. Realizado por María Teresa Larraín en 2006, esta película de 65 minutos de duración muestra el enfrentamiento de Pascual Pichún, comunero mapuche, con su vecino: un terrateniente viculado con empresas forestales. El conflicto entre ellos se desata una vez que la casa del terrateniente es quemada, y éste inculpa a Pichún, quien es inmediatamente encarcelado a pesar de alegar inocencia. El juicio comienza y las caras de cada posición quedan al descubierto: la hipocresía del huinca y los pesares mapuches.





Uxuf Xipay: El despojo

Este documental data de 2004 y es dirigido por Dauno Tótoro. La época de la Conquista, la relación con el Estado chileno, la reforma agraria y el golpe de estado, la ley indígena de Aylwin y la CONADI, el problema forestal y, por último, la resistencia. Estos son las seis partes en que se divide la película y es a través de estos factores históricos, socio-económicos y culturales que intenta explicar la marginación actual que sufre el pueblo mapuche.





Nutuayin Mapu, recuperemos nuestra tierra

Presentamos también este documental de casi 10 minutos realizado en 1971 por Antonio Campi, Luis Araneda, Samuel Carvajal, Guillermo Cahn y Carlos Flores, patrocinado por el Centro Experimental de la Universidad de Chile. En él se exponen costumbres (algunas ficcionadas) y el germen de las problemáticas actuales: el conflicto con las tierras, la campesinización de las comunidades (para chilenizarlas) y la forma paternalista-inferiorizante en que son tratados. Un documento histórico, de gran calidad.





Trabajos extranjeros sobre el tema


En Europa hay bastante interés sobre la causa mapuche. Sin ir más lejos y siendo una muestra más de la paranoia del Estado chileno respecto al tema, dos periodistas franceses fueron apresados el 22 de marzo de este año mientras realizaban un documental sobre el conflicto mapuche. Tal como a Elena Varela, todo el material obtenido fue requisado por la policía. Pero hay ejemplos que han logrado salir a la luz. Acá va primero Entrevista a Andrea Paillalef, que se centra en una mujer mapuche que vive como exiliada política en Europa, y los otros dos son unos videos que formarán parte de un futuro documental sobre la comunidad Juan Paillalef y la persecución que sufre la familia de su lonko, Juana Calfunao, quien permanece actualmente en prisión junto a su hija en la cárcel de Temuco.







miércoles, 21 de mayo de 2008

Una aproximación al No poder Nombrar

(NN, de Julio Espinosa Guerra. Ediciones La Calabaza del Diablo, Santiago, 2008, 87 p.)

por Andrés Florit C.


NN, de Julio Espinosa Guerra (Santiago, 1974) llega a las librerías chilenas con un galardón a cuestas: el IX Premio Hispanoamericano Sor Juana Inés de la Cruz. ¿Importante? Sabemos lo que significan en el mundo literario los premios, por lo que no nos extenderemos en el hecho de que no son un sello de calidad garantizada. Ante el lector, más bien, pueden resultar un arma de doble filo: obligan a la obra a defenderse ante el ojo que ya no lee cualquier libro, sino que lee un libro premiado.

Pero no nos pasemos de agudos. El premio también ayuda a publicar, en tiempos en que pocos ponen un peso para la poesía. Así las cosas, NN ha salido este año por las no siempre prolijas ediciones Calabaza del Diablo y comienza con tres epígrafes que introducen y casi resumen el libro: una llave con letras de Joan Brossa, la explicación del significado de NN en el contexto de la dictadura de Pinochet (sigla con que se enterraban los cadáveres no identificados de asesinados políticos) y un fragmento de Henry Miller: “Tras la palabra está el caos. Cada palabra es una raya, un barrote, pero no hay ni habrá nunca suficientes barrotes para hacer la reja”.

De esta forma, lenguaje y realidad, silenciamiento y silencio, son las fisuras que marcan la ruta de la obra, que se divide en cuatro secciones: NN, Agüa, Muestrario y Currículum Vitae (nexos/anexos). El tema principal, que atraviesa todo el libro, es el que se enuncia en los epígrafes: las limitaciones y el desgaste de las palabras frente a lo que designan, frente a la realidad. Esto abre una herida: para quien habla el lenguaje en su mudez hiere y atraviesa la garganta como un clavo oxidado. Es un abecedario enfermo, que da llaves que no dan con ninguna cerradura, dice el poeta. En uno de los poemas más representativos del conjunto leemos: “No alcanza/ es que no alcanza/ La palabra casa no alcanza / ni la palabra julio/ ni la palabra violín me alcanza // Ni siquiera con la palabra arañazo /alcanzo la realidad.”

El anterior es el poema “F” de la primera parte, que tiene un poema por cada letra del abecedario y al final los versos de “NN”, donde se vincula la imposibilidad lingüística de rozar la realidad con un viejo que se muere y que es “Nada para Nadie”, un cuerpo víctima de la violencia política que perdió su nombre como las palabras su sentido en el uso cotidiano. Así va hilando el poeta un discurso coherente, en que declara que siempre hay imágenes que se pierden en el proceso de revelado, “palpitaciones que la lente nunca aprehenderá”. Incluye además bastante diálogo con otros autores (a quienes da “casi” todo el crédito de los poemas en que los cita), logrando por esta vía buenos hallazgos, como uno en que cita a Roberto Bolaño y que comienza: “Cuando un cuerpo muere/ pequeños animalillos sin forma/ transparentes/ nacen a su alrededor/ y se alimentan/ hasta que no queda nada”, vinculando luego al gusano con los oportunistas que nacen alrededor de los poetas muertos y se alimentan de su obra, cosa que el mismo Bolaño ha vivido, desde su final morada.

Encontramos los mayores aciertos en la sección “Muestrario”, que parte con ciegos cachorros de chacal que aún antes de poder ver mastican inseguros las primeras palabras, entusiasmados con el sabor de la tinta, o uno de mis favoritos en que el que habla desea ser como un grillo, oculto en los rincones, “y decir tanto con tan poco”. La sección final también tiene momentos intensos, más vinculados a la memoria: de hecho los poemas están titulados con fechas y con referencias políticas y vitales muy claras. Transcribo uno, fechado en 1983: “Si vienen a preguntando por tu padre/ tú no conoces a ese señor// Recuerdo íntegra la frase / y recuerdo/ el estremecimiento // Afuera / 1983 // Nunca más /Las palabras fueron lo mismo que hasta entonces // Y menos /la realidad”.

Pese a tener una posición enunciativa clara, varios aciertos y pocas metáforas, como dice Gonzalo León en la contratapa, veo en esta obra muchas sentencias y una preeminencia del discurso por sobre lo estético que, parafraseando al mismo poeta, “no salpican de sangre las sábanas”. Por medio de un estilo coloquial y muchas veces prosaico, vivimos al leer este libro una experiencia intelectual más que sensorial y estética. La escritura de NN carece de la intensidad y el ritmo necesarios para envolver al lector. No alcanza a estremecer. Da la sensación de que parte sabiendo demasiado bien dónde llegará, sin que provoque un real desgarro.

En el afán de fijar coherente y racionalmente su discurso, deja de lado una imaginación más viva y por sobre todo deja de lado el ritmo, el paladeo de las palabras, que no fascinan sino que provocan una prudente distancia. ¿Es ésta la intención del poeta, fundamentada en su falta de fe en el lenguaje? Puede ser, pero eso no importa: la obra tiene que sostenerse más allá de las intenciones, que parece ser lo que sobra en la poesía actual, en que la mayoría tiene tan claro lo que quiere decir y por qué lo dice así.

Por ello, una de las críticas más acertadas que he encontrado acerca de este libro es una breve pincelada de Ernesto González, cuando reseña al poeta en una de sus famosas entrevistas en el sitio letras.s5: “Todavía puede ir más allá dentro de lo mucho que ya nos ha dado en sus poesías, sobretodo (sic) si consigue arriesgar más al oído, un poco más”. ¡Justamente! Arriesgar más al oído, porque el discurso por sí mismo no basta. El mismo González Barnert, por ejemplo, tiene a veces una tosquedad en su poesía, pero una tosquedad estética, si se me permite el término.

Así también otros compatriotas contemporáneos, que han hecho de la poesía misma y del lenguaje motivo de su obra, han logrado climas y versos de notable factura, como el joven Rodrigo Arroyo en Chilean Poetry y Carlos Trujillo en versos como éstos: “No es más mano la mano que escribe este poema /Que la mano que no sabe siquiera escribir su nombre /No es más mano /La mano que escribe este poema /Que la mano de quien escribe este poema /Quien no sabe siquiera el nombre de la mano”. También recordamos versos de Guillermo Carrasco Notario, quien dice en “El espejo y la flama”: “Me sale / Un hipo incomprensible /Cuando trato / De nombrar/ La mano / Como un bronce / De rígidos tendones / No atina / A transcribir / Sonidos tan guturales (...) Y veo que no son palabras /Lo que necesito /Sino silencios / ¡Quiero escribir silencios!”.

Podríamos seguir, por supuesto. Hay tantos y sólo cito ejemplos desde mi antojadizo gusto. Pero me interesa constatar que la aridez intelectual no está dada tanto en el tema, sino en la forma, que también es tema. Julio Espinosa tiene de qué hablar, pero creo que le falta un mayor sentido estético, un dejarse llevar por estos caballos perdidos en el laberinto (Rodrigo Arroyo dixit) y galopar al fin sin riendas y sin medir las consecuencias.


martes, 20 de mayo de 2008

Entrevista a Rodolphe Gasché


El académico de la Universidad de Buffalo, Rodolphe Gasché, estuvo en Chile invitado por el Doctorado en Filosofía con mención en Estética e Historia del Arte de la Universidad de Chile. Ofreció una conferencia titulada "Europa o el Olvido de Occidente" y por mi trabajo me tocó entrevistarlo (¡mi primera entrevista en inglés! ) , así que aquí publico la introducción y el link, para quienes quieran leerla.



por A.F.C.

Es la primera vez que Rodolphe Gasché (Luxemburgo, 1938) está en Sudamérica y dice que prefiere no intentar hablar castellano, porque probablemente sólo le saldrían palabras en italiano. Así, la conversación se desarrolla en inglés, idioma en que ha escrito sus trabajos más importantes y que utiliza como profesor en el Departamento de Literatura Comparada de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo, donde trabaja hace más de 20 años.

Es un hombre tímido y gentil, que no parece muy consciente de su gran prestigio internacional. Especialista en Fenomenología y particularmente en autores como Heidegger, Husserl y Derrida, ha publicado una decena de libros y más de 120 artículos, y es reconocido principalmente por haber aclarado el valor propiamente filosófico de la obra de Derrida, en momentos en que era patrimonio de la crítica literaria.

(La entrevista completa, aquí)

domingo, 18 de mayo de 2008

Fito Páez y Gustavo Cerati: Ciudad de pobres corazones

Fito Páez y Gustavo Cerati compartieron escenario ayer en Buenos Aires, en un concierto gratuito organizado por la Fundación ALAS. En la ocasión tocaron cuatro temas. Uno de ellos fue Ciudad de pobres corazones, una joya de Fito, potenciada con la voz y la guitarra de Cerati:

viernes, 16 de mayo de 2008

Culpable hasta que se demuestre lo contrario

por Isis Díaz López


Elena Varela López fue detenida hace una semana en su casa en Licanray, acusada, entre otras cosas, de ser la autora intelectual de un asalto a una oficina del INP en Machalí, el año 2005. Tras la audiencia de formalización quedó en prisión preventiva por seis meses, tiempo que la Jueza Andrea Urbina determinó para que la Fiscalía realice su investigación.

Ello, sumado a que la imputada fue beneficiada con fondos estatales entregados por la CORFO y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes para realizar el documental “Newen Mapuche” sobre las demandas y el conflicto de las comunidades mapuches en la región de la Araucanía, son los únicos hechos concretos que, hasta el momento, se han dado a conocer públicamente sobre este caso.

Sin embargo, para algunas de las autoridades ejecutivas y legislativas de este país, la realizadora audiovisual es una delincuente vinculada a grupos terroristas, afirmación que no sólo confunde a la opinión pública y degrada la labor cultural que ha desarrollado esta mujer a lo largo de su carrera, sino que además evidencia el grado de irresponsabilidad e impunidad con que los honorables de nuestro país califican a ciudadanos sobre los que ni siquiera el Poder Judicial se ha manifestado.

¿Dónde queda el proceso justo del que tanto se habló durante la implementación de la Reforma Procesal Penal? ¿Qué pasa con la presunción de inocencia en esta nueva justicia? Son preguntas no menores tomando en cuenta que los primeros dardos públicos lanzados en contra de Elena Varela López salieron de la boca del vocero de Gobierno, Francisco Vidal, quien cuestionó la asignación de los fondos estatales obtenidos para la realización de “Newen Mapuche” por no haberse indagado en los antecedentes de la documentalista.

“No sé si se hace, pero si no se hace debería hacerse, que cada postulante al Fondart tenga su papel de antecedentes”, señalo Vidal a los medios de comunicación. Y agregó: “Si eso ocurrió con una gente que está con orden de captura, si se ganó un concurso con plata de todos los chilenos, es malo y hay que buscar que eso no vuelta a ocurrir”.

Con estas declaraciones, el Ministro Secretario General de Gobierno no sólo dio a entender que Elena Varela López jamás debió recibir ese dinero por tratarse de una “delincuente”, acusándola públicamente de delitos sobre los que la jueza a cargo no se ha manifestado, sino que tres días después tuvo la desfachatez de recriminar a Iván Moreira, diputado de la UDI, por tomarse atribuciones que no le corresponden.

Y es que el pasado domingo 11 de mayo, el parlamentario UDI declaró que “resulta indignante que los recursos de la cultura terminen en el financiamiento de vínculos con el terrorismo. Esto no puede dejarlo pasar el Gobierno. Y si es necesario pedir papel de antecedentes, se tendrá que hacer, porque no se puede estar financiando vínculos terroristas, ni menos estar jugando con la plata de todos los chilenos”, y solicitó la renuncia de la Ministra de Cultura, Paulina Urrutia, por las responsabilidades que tendría en la asignación de estos fondos.

Frente a esta petición pública, el vocero de Gobierno le recordó al parlamentario que la única que puede tomar esa decisión es la Presidenta de la República, Michelle Bachelet. Pero al parecer –y es lo que resulta más grave en todos estos dimes y diretes-, es que nadie les ha recordado a ambos que en nuestro país existen tres poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, y que en casos de esta naturaleza, sólo este último tiene el deber y el derecho de condenar o absolver a los imputados. ¿O es que acaso, si es que la documentalista resulta absuelta de los cargos que se le imputan, saldrán a dar disculpas públicas sobre lo que se ha dicho? ¿O serán los propios medios de comunicación los que publicarán ahora brevísimas líneas en que den cuenta del error en que se incurrió?

Con estos antecedentes, no resulta extraño que en el comunicado que preparó la Asociación de Documentalistas de Chile en conjunto con la organización de Trabajadores del Audiovisual y el Cine de la Araucanía (publicado el 15 de mayo en diversos sitios de internet) manifiesten su preocupación por “la suerte y el estado de Elena, debido a que el gobierno como varios medios de comunicación han condenado a priori a la realizadora”, cuestión que como ellos mismos señalan, “es la razón que nos mueve a informar y manifestar que la persona en cuestión sea tratada dignamente, con un proceso justo y transparente así como se asegure también un trato apropiado al material trabajo –en proceso de lo que se está realizando”.

Y esto último tampoco es menor. Elena Varela López, fundadora de la Escuela de Todas las Artes, del Colectivo de Cine Ojo Film, de la Orquesta Sinfónica de niños de Panguipulli y de la Productora de cine Ojo Film, entre otros, cuestión que, como es de esperar, no ha sido mencionada prácticamente en ningún medio de comunicación masivo llevaba cuatro años investigando sobre el conflicto del pueblo mapuche con las Forestales y con el Estado, para dar forma al guión de “Newen Mapuche”.

Parte de este trabajo, que como ya se ha dicho trata sobre las demandas del pueblo mapuche en la región de la Araucanía y cuyo tráiler puede verse en el sitio web de la CORFO, había sido presentado en DocSantiago 2007 frente a un jurado compuesto por ejecutivos de canales de televisión y representantes del mundo documental de Europa. “En el guión presentado a todas las instancias nombradas anteriormente se puede comprobar que el rodaje contempla la realización de recreaciones de tomas de terreno, de manifestaciones y movilizaciones, que contemplaban en su ejecución armamento y vestuario de fantasía”, explicita el comunicado preparado por la Asociación de Documentalistas de Chile y la organización de Trabajadores del Audiovisual y el Cine de la Araucanía.

Pero la suerte que pueda estar corriendo este material no sólo preocupa a estas dos entidades. En una carta escrita por Elena Varela López, recientemente publicada en algunos sitios de Internet, la documentalista señala que “hoy día mis registros audiovisuales, que reúnen la acumulación de historias, testimonios y relatos realizados durante todos estos años han sido requisados por la Policía de Investigaciones, perdiendo mis materiales audiovisuales y exponiendo a muchos entrevistados que han relatado su experiencia, puntos de vista, testimonio e historias en estos documentales”, agregando más adelante en la misma misiva -dirigida a “Señores: Consejo de la Cultura (CNCA) y Fondo Audiovisual (CORFO)”-, que “apelo a su intervención en función de resguardar el material fílmico, la memoria de estos trabajos, el resguardo de sus actores sociales y mi libertad, porque me encuentro privada de todo derecho y expresión”.


La carta completa de Elena Varela López se puede leer aquí


El tráiler de "Newen Mapuche", a continuación: