Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de diciembre de 2008

La Teletón: una mentira piadosa

Por Álvaro Cuadra


Desde hace ya bastantes años, Don Francisco, un animador de televisión emblemático, nos tiene acostumbrados a la Teletón, mezcla de espectáculo y justa deportiva. Durante las veinticuatro horas de "amor", todo el país vive el "suspenso" para alcanzar una meta monetaria. Grandes empresas aportan jugosos cheques junto al niño modesto que lleva su alcancía con algunas monedas. Todo parece estar hecho para provocar el efecto melodramático que yuxtapone vedettes semidesnudas salpicadas de lentejuelas con muletas y sillas de ruedas.

Los rostros de la televisión parecen olvidar por un instante la vida frívola de la farándula para hacer su aporte en esta puesta en escena de la "telemoral". Todo Chile exculpa sus faltas en este show de sentimientos encontrados, todos tenemos, finalmente, la oportunidad de sentirnos "buenos y bondadosos". La gran falta que se oculta detrás de esta escenificación caritativa es, precisamente, que la "caridad" no es lo mismo que la justicia social. Los problemas que delata la Teletón son aquellos de un mundo injusto y desigual que obliga a los minusválidos a mendigar cada tanto por sus prótesis y tratamientos médicos.

Como todos los productos televisivos, la Teletón se rige por el principio de lo efímero: los minusválidos se ponen de moda, tanto como el sentimiento patrio o el espíritu navideño. Se trata de una moral de temporada que nos arranca lágrimas la última semana de noviembre, pero que no alcanza para se aprueben leyes adecuadas para salvaguardar a nuestros enfermos y tampoco alcanza para crear un país más justo y equitativo. Esta moral epidérmica se olvida pronto frente a cualquier otro evento que convoque al país.

La Teletón, bien mirada, es un montaje, una simulación, una mentira piadosa. Es la manera como una sociedad profundamente individualista, competitiva y consumista convierte a los enfermos en objeto de consumo de masas, en espectáculo. Un reconocido showman preside la liturgia en que se consagra la mentira, aquella que hace aparecer a los señores empresarios, siempre mal dispuestos a pagar sueldos éticos, como seres sensibles y generosos ante el dolor del prójimo.

De alguna manera, la Teletón hace evidente el tinglado moral en que se mueve la sociedad chilena y que limita de manera inevitable con el mercado y el espectáculo, es decir con el dinero y las apariencias. Chile se ha convertido en un país insensible a los pobres y a los débiles en que sólo importa el dinero. La Teletón muestra la falsa ética de un país indolente a través de la fórmula de un "marketing humanitario" que promueve una visión sentimental y "kitsch" de una cultura degradada. Por último, la Teletón divierte a las masas que respiran aliviadas tras veinticuatro horas de espectáculo y entretención en un "final feliz" que les hace creer, ingenuamente, que nuestro país es un lugar justo y bueno.

*Artículo publicado hoy en El Mostrador. Álvaro Cuadra es investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. Arena Pública, Plataforma de Opinión. Universidad ARCIS


Comparto aquí también la visión de SubVerso sobre este tema:


domingo, 31 de agosto de 2008

Metro TV: la entretención total


Recuerdo que en las antiguas micros de Santiago uno podía leer esto: "La radio de este vehículo puede funcionar a un volumen moderado y siempre que ningún pasajero se oponga". Era un derecho que podía reclamarse o no, pero que existía. ¿Por qué en el Metro no está esa leyenda?

Sería bueno poder decirle a un guardia: sabe que me molesta la TV, ¿podría apagarla? ¿Por qué tenemos que estar obligados a soportar la TV encendida continuamente en los andenes y los carros? Y luego bajarse y caminar por el centro con música de supermercado de fondo... Parece que en esta ciudad, la "entretención" es un deber al que no se puede renunciar.

viernes, 16 de mayo de 2008

Culpable hasta que se demuestre lo contrario

por Isis Díaz López


Elena Varela López fue detenida hace una semana en su casa en Licanray, acusada, entre otras cosas, de ser la autora intelectual de un asalto a una oficina del INP en Machalí, el año 2005. Tras la audiencia de formalización quedó en prisión preventiva por seis meses, tiempo que la Jueza Andrea Urbina determinó para que la Fiscalía realice su investigación.

Ello, sumado a que la imputada fue beneficiada con fondos estatales entregados por la CORFO y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes para realizar el documental “Newen Mapuche” sobre las demandas y el conflicto de las comunidades mapuches en la región de la Araucanía, son los únicos hechos concretos que, hasta el momento, se han dado a conocer públicamente sobre este caso.

Sin embargo, para algunas de las autoridades ejecutivas y legislativas de este país, la realizadora audiovisual es una delincuente vinculada a grupos terroristas, afirmación que no sólo confunde a la opinión pública y degrada la labor cultural que ha desarrollado esta mujer a lo largo de su carrera, sino que además evidencia el grado de irresponsabilidad e impunidad con que los honorables de nuestro país califican a ciudadanos sobre los que ni siquiera el Poder Judicial se ha manifestado.

¿Dónde queda el proceso justo del que tanto se habló durante la implementación de la Reforma Procesal Penal? ¿Qué pasa con la presunción de inocencia en esta nueva justicia? Son preguntas no menores tomando en cuenta que los primeros dardos públicos lanzados en contra de Elena Varela López salieron de la boca del vocero de Gobierno, Francisco Vidal, quien cuestionó la asignación de los fondos estatales obtenidos para la realización de “Newen Mapuche” por no haberse indagado en los antecedentes de la documentalista.

“No sé si se hace, pero si no se hace debería hacerse, que cada postulante al Fondart tenga su papel de antecedentes”, señalo Vidal a los medios de comunicación. Y agregó: “Si eso ocurrió con una gente que está con orden de captura, si se ganó un concurso con plata de todos los chilenos, es malo y hay que buscar que eso no vuelta a ocurrir”.

Con estas declaraciones, el Ministro Secretario General de Gobierno no sólo dio a entender que Elena Varela López jamás debió recibir ese dinero por tratarse de una “delincuente”, acusándola públicamente de delitos sobre los que la jueza a cargo no se ha manifestado, sino que tres días después tuvo la desfachatez de recriminar a Iván Moreira, diputado de la UDI, por tomarse atribuciones que no le corresponden.

Y es que el pasado domingo 11 de mayo, el parlamentario UDI declaró que “resulta indignante que los recursos de la cultura terminen en el financiamiento de vínculos con el terrorismo. Esto no puede dejarlo pasar el Gobierno. Y si es necesario pedir papel de antecedentes, se tendrá que hacer, porque no se puede estar financiando vínculos terroristas, ni menos estar jugando con la plata de todos los chilenos”, y solicitó la renuncia de la Ministra de Cultura, Paulina Urrutia, por las responsabilidades que tendría en la asignación de estos fondos.

Frente a esta petición pública, el vocero de Gobierno le recordó al parlamentario que la única que puede tomar esa decisión es la Presidenta de la República, Michelle Bachelet. Pero al parecer –y es lo que resulta más grave en todos estos dimes y diretes-, es que nadie les ha recordado a ambos que en nuestro país existen tres poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, y que en casos de esta naturaleza, sólo este último tiene el deber y el derecho de condenar o absolver a los imputados. ¿O es que acaso, si es que la documentalista resulta absuelta de los cargos que se le imputan, saldrán a dar disculpas públicas sobre lo que se ha dicho? ¿O serán los propios medios de comunicación los que publicarán ahora brevísimas líneas en que den cuenta del error en que se incurrió?

Con estos antecedentes, no resulta extraño que en el comunicado que preparó la Asociación de Documentalistas de Chile en conjunto con la organización de Trabajadores del Audiovisual y el Cine de la Araucanía (publicado el 15 de mayo en diversos sitios de internet) manifiesten su preocupación por “la suerte y el estado de Elena, debido a que el gobierno como varios medios de comunicación han condenado a priori a la realizadora”, cuestión que como ellos mismos señalan, “es la razón que nos mueve a informar y manifestar que la persona en cuestión sea tratada dignamente, con un proceso justo y transparente así como se asegure también un trato apropiado al material trabajo –en proceso de lo que se está realizando”.

Y esto último tampoco es menor. Elena Varela López, fundadora de la Escuela de Todas las Artes, del Colectivo de Cine Ojo Film, de la Orquesta Sinfónica de niños de Panguipulli y de la Productora de cine Ojo Film, entre otros, cuestión que, como es de esperar, no ha sido mencionada prácticamente en ningún medio de comunicación masivo llevaba cuatro años investigando sobre el conflicto del pueblo mapuche con las Forestales y con el Estado, para dar forma al guión de “Newen Mapuche”.

Parte de este trabajo, que como ya se ha dicho trata sobre las demandas del pueblo mapuche en la región de la Araucanía y cuyo tráiler puede verse en el sitio web de la CORFO, había sido presentado en DocSantiago 2007 frente a un jurado compuesto por ejecutivos de canales de televisión y representantes del mundo documental de Europa. “En el guión presentado a todas las instancias nombradas anteriormente se puede comprobar que el rodaje contempla la realización de recreaciones de tomas de terreno, de manifestaciones y movilizaciones, que contemplaban en su ejecución armamento y vestuario de fantasía”, explicita el comunicado preparado por la Asociación de Documentalistas de Chile y la organización de Trabajadores del Audiovisual y el Cine de la Araucanía.

Pero la suerte que pueda estar corriendo este material no sólo preocupa a estas dos entidades. En una carta escrita por Elena Varela López, recientemente publicada en algunos sitios de Internet, la documentalista señala que “hoy día mis registros audiovisuales, que reúnen la acumulación de historias, testimonios y relatos realizados durante todos estos años han sido requisados por la Policía de Investigaciones, perdiendo mis materiales audiovisuales y exponiendo a muchos entrevistados que han relatado su experiencia, puntos de vista, testimonio e historias en estos documentales”, agregando más adelante en la misma misiva -dirigida a “Señores: Consejo de la Cultura (CNCA) y Fondo Audiovisual (CORFO)”-, que “apelo a su intervención en función de resguardar el material fílmico, la memoria de estos trabajos, el resguardo de sus actores sociales y mi libertad, porque me encuentro privada de todo derecho y expresión”.


La carta completa de Elena Varela López se puede leer aquí


El tráiler de "Newen Mapuche", a continuación:



jueves, 17 de abril de 2008

Los poetas y la tentación del poder

(Artículo públicado originalmente en el sitio letras.s5.com. Allí se pueden encontrar algunas respuestas a este texto)


por A. F.

Leo los recientes artículos publicados en el sitio letras.s5.com por Felipe Ruiz (sobre la “generación novísima”) y por mi amigo Juan Pablo Pereira (acerca del muy buen libro de poesía que acaba de lanzar Rodrigo Arroyo, Chilean Poetry) y me queda una sensación de sinsentido por lo que distingo como una suerte de lucha de poder por “quien la lleva” en nuestra poesía, a quién hay que seguir, cuál es el paradigma poético-estético que va ganando en esta carrera de caballos desbocados que sería la actual diversidad de propuestas literarias. Pereira sentencia que Rodrigo Arroyo ha escrito un libro “fundamental” que “habrá de contradecir definitivamente” a la “generación novísima” y a la de los “rezagados” de los `90, mientras que Felipe Ruiz dice que “la Novísima representa la última manifestación de la poesía chilena”, que seguirá habiendo poetas “pero el destino de la poesía chilena ha sido trazado en estos últimos poetas”.

¿Por qué Arroyo habría de contradecir a dichos poetas? ¿Qué destino tan insoslayable ha trazado la poética de la "novísima"? Me deja melancólico ver la megalomanía de estos juegos, estas carreras pueriles por posicionarse en la jauría, esto de hacer rankings con los mejores poetas y de consagrar a los que realmente valen y han aportado al progreso de la poesía. Sí, esa horrible palabra parece estar subyacente en estos discursos, que parecen decir que hay poesía que caduca y poesía que traza caminos ineludibles, poesía que fracasa y poesía que gana, todo esto de acuerdo al paradigma en el que el poeta –un simple peón- esté adscrito.

Los que firman dichos artículos (que me consta que hablan a su vez por otros tantos, por lo que estas líneas no están dirigidas sólo a los firmantes) son poetas jóvenes, ambos talentosos en su estilo, lo que me parece un agravante en esta disputa. Es verdad, no hay muchos críticos que den cuenta del mapa poético actual, que expongan una mirada de lo que está sucediendo con los poetas en Chile, ni hay mucho espacio de diálogo para las obras artísticas en general, que salen a la luz para unos pocos amigos y nada más. Pero que gente creativa y con una mirada supuestamente más honda de la realidad caiga en lógicas genuinamente antipoéticas de poder y posicionamiento me parece triste. Afanes que sólo aportan vacío al vacío del mundo, que no sirven para nada que no sea estar en la orilla opuesta a la poesía.

¿Por qué hay tanto poeta que se empeña en estar lejos de la poesía? Me lo pregunto seriamente al ver que muchos ocupan su tiempo pensando en “la importancia de su obra”, en lo que “aportan” al misterioso saber acumulado de los que estuvieron antes y se aproximaron al arte. “La poesía es eso que se encuentra por ventura” dijo un poeta alguna vez y yo lo creo, por lo que pienso que jactarse de la buena fortuna o querer decir que hay fortuna “más afortunada que otra” es ridículo. Deberíamos haber aprendido ya la lección: el poeta tiene poco de qué vanagloriarse. Además, no hay que perder de vista que a muy poca gente le importa la poesía (casi siempre a los mismos poetas), por lo que disputarse el dudoso honor de llevar el pandero tiene tanta importancia como elegir al rey de una isla hundida en el mar.

¿Por qué no disfrutar sin tapujos ni delimitaciones de los buenos poemas de Héctor Hernández, de Rodrigo Arroyo, del mismo Juan Pablo Pereira, o de Germán Carrasco y de otros tantos que son metidos en el baile y también de los que no pululan por los circuitos literarios y que son tan valiosos como ellos? De cada uno he leído poesía, desocultamientos de parcelas de ser que me estaban vedadas antes de leerlos, estremecimientos, verdades. Poesía al fin, incomparable y por lo mismo incompetible con la de sus compañeros. Por cierto, cada uno tiene sus preferencias. Pero, ¿es necesario que una se imponga? ¿Hay una más válida que otra? ¿Son los mismos poetas los llamados a dictaminarlo? ¿Rodrigo Arroyo hizo caducar la poesía de otros? ¿La “novísima” dejó obsoleta la obra de sus predecesores y estableció definitivamente el sendero a seguir para los que vienen?


Creo que no le hace bien a los poetas, ni a sus libros ni a sus poéticas ser utilizados en este juego inconducente. Me encantaría que los pocos que debieran estar ajenos a la estupidez reinante en la actualidad no se contagiaran de la lógica del reality y del cuoteo, del poder y de la miopía, de la estrechez y la farándula que dominan nuestro país. Que se ocupen de ver, de crear y de abrir mundos en vez de cerrarlos.