martes, 9 de diciembre de 2008
Dos poemas de Juan Pablo Pereira
Para un proyecto realmente oscuro
que abandone los versos pintados de color
y se entregue sin más a la desidia de la siesta;
para coger sin pausa los retazos negros
que sabemos abandonan los maestros
y nos mantienen vivos y con hambre;
para olvidar nuestra falta de propósito
y decir de nuevo sí, es posible,
como un poeta intenta otro empleo que lo teche
frente a la tempestad que derrama de la boca,
débil pero fría
y por ello susceptible de matar;
para incluir la enseñanza que recuerda,
que no entiende
y recita como un mantra frente a una tumba abierta
florida, poblada de hongos,
de sentidos que no encuentran su verso
pero que se describen en él,
sin desperdiciar nada.
**
No me creo, pero puedo redactar desde un error.
Estoy solo y soy fuerte. He caminado
desde de mi pieza a la calle y vuelvo cada vez.
No he matado a nadie. Miré todo lo que pude.
Me movía como un mudo, pero ya no.
Los caracoles siguen mereciendo mi piedad
y eso no ha salvado a dos o tres de mi torpeza endurecida.
Pero me saco los zapatos para subir a tu lado
y una vez traje una rama quebrada
que puse en tus manos. Lo he hecho mal
pero lo hice.
martes, 2 de diciembre de 2008
La Teletón: una mentira piadosa
Desde hace ya bastantes años, Don Francisco, un animador de televisión emblemático, nos tiene acostumbrados a la Teletón, mezcla de espectáculo y justa deportiva. Durante las veinticuatro horas de "amor", todo el país vive el "suspenso" para alcanzar una meta monetaria. Grandes empresas aportan jugosos cheques junto al niño modesto que lleva su alcancía con algunas monedas. Todo parece estar hecho para provocar el efecto melodramático que yuxtapone vedettes semidesnudas salpicadas de lentejuelas con muletas y sillas de ruedas.Los rostros de la televisión parecen olvidar por un instante la vida frívola de la farándula para hacer su aporte en esta puesta en escena de la "telemoral". Todo Chile exculpa sus faltas en este show de sentimientos encontrados, todos tenemos, finalmente, la oportunidad de sentirnos "buenos y bondadosos". La gran falta que se oculta detrás de esta escenificación caritativa es, precisamente, que la "caridad" no es lo mismo que la justicia social. Los problemas que delata la Teletón son aquellos de un mundo injusto y desigual que obliga a los minusválidos a mendigar cada tanto por sus prótesis y tratamientos médicos.
Como todos los productos televisivos, la Teletón se rige por el principio de lo efímero: los minusválidos se ponen de moda, tanto como el sentimiento patrio o el espíritu navideño. Se trata de una moral de temporada que nos arranca lágrimas la última semana de noviembre, pero que no alcanza para se aprueben leyes adecuadas para salvaguardar a nuestros enfermos y tampoco alcanza para crear un país más justo y equitativo. Esta moral epidérmica se olvida pronto frente a cualquier otro evento que convoque al país.
La Teletón, bien mirada, es un montaje, una simulación, una mentira piadosa. Es la manera como una sociedad profundamente individualista, competitiva y consumista convierte a los enfermos en objeto de consumo de masas, en espectáculo. Un reconocido showman preside la liturgia en que se consagra la mentira, aquella que hace aparecer a los señores empresarios, siempre mal dispuestos a pagar sueldos éticos, como seres sensibles y generosos ante el dolor del prójimo.
De alguna manera, la Teletón hace evidente el tinglado moral en que se mueve la sociedad chilena y que limita de manera inevitable con el mercado y el espectáculo, es decir con el dinero y las apariencias. Chile se ha convertido en un país insensible a los pobres y a los débiles en que sólo importa el dinero. La Teletón muestra la falsa ética de un país indolente a través de la fórmula de un "marketing humanitario" que promueve una visión sentimental y "kitsch" de una cultura degradada. Por último, la Teletón divierte a las masas que respiran aliviadas tras veinticuatro horas de espectáculo y entretención en un "final feliz" que les hace creer, ingenuamente, que nuestro país es un lugar justo y bueno.
*Artículo publicado hoy en El Mostrador. Álvaro Cuadra es investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. Arena Pública, Plataforma de Opinión. Universidad ARCIS
viernes, 7 de noviembre de 2008
Guillermo Machuca: "La gente no tolera la violencia de lo que no entiende"
"Alas de Plomo. Ensayos sobre arte y violencia" es el tercer libro que Guillermo Machuca ha publicado hasta la fecha. Precedido por la curatoría de "Juegos de Guerra" -exposición exhibida en la librería Metales Pesados-, en este texto aborda la compleja relación que históricamente ha existido entre el arte y la violencia.
"Lo que quiero es desaparecer, dejar de hacer curatorías para exposiciones, textos de catálogos, no participar más en mesas redondas y conferencias, y hacer un libro por año hasta cumplir los 50. De ahí me suicido", dice entre fuertes carcajadas este docente, ensayista y hacedor de curatorías con el humor negro y el sarcasmo que tanto lo caracterizan. No tiene pelos en la lengua para decir que le hubiese encantado nacer rico para no trabajar y que la sensibilidad que desde niño ha tenido por las manifestaciones estéticas no sabe de dónde viene. "De niño pinté y dibujé, y me gusta la cultura y el cine. Pero me gustaría no hacer nada. Entonces, cuando no hago clases en la universidad, escribo. Y las curatorías las hago cuando las encargan. Soy un profesional que vive del trabajo intelectual", sentencia.
El libro fue financiado tras obtener un FONDART -de allí su valor, 4 mil pesos-, luego de que Sergio Parra, dueño de esa librería, le dijera a Guillermo Machuca que no quería un catálogo. "Acordamos inaugurar una serie especial que se llama 'Cuadernos de Movilización', de pequeño formato pero sin ser de bolsillo, y se podría decir que usamos la exposición como un pretexto para abordar en el libro temas derivados de arte y violencia que, a su vez, se reflejaran en las obras. Después escribí para cada obra un artículo donde puse en escena esos conceptos, formando un todo coherente".¿Por qué arte y violencia?
¿El morbo?
Más que eso. En mi opinión, no se puede separar de los temas de la violencia y la guerra, el dolor y el placer, y eventualmente podría fomentarse un placer estético respecto de estos temas. Pero me interesó porque es un tema decisivo de la historia del arte y de la cultura desde la prehistoria. Además, es un tema declamativo y épico poco desarrollado en Chile que se podía exponer en un espacio mínimo y reducido como el acotado por la librería "Metales Pesados". Era interesante trabajar esa contradicción.
En "Remeciendo al Papa", su libro anterior, también habla de arte y violencia. En ese sentido, ¿qué es lo que lo atrae, fundamentalmente, de la crudeza que puede existir en un discurso estético?
El morbo.
¿Las feministas tienen razón?
Bueno, la sensibilidad femenina está poco desarrollada frente al tema de la violencia porque creo que falta sentido del humor -me refiero al humor negro- que se relaciona con la crueldad. Esa es una cuestión determinada culturalmente. Quiero aclarar que sí existen mujeres a las que les interesa el tema de la violencia porque esto no es una cuestión que separe los géneros, es una determinación cultural. La guerra es asunto de hombres desde el origen de los tiempos, pero también hay violencia a nivel de razas y de género, y para mí, la cultura surge en virtud de esas fuerzas que se expresan y ofrecen resistencia. A mí me interesa cómo se mide ese choque. Y eso también ocurre a nivel geográfico, racial, político, económico.
El análisis teórico sobre este tema en las artes, ¿está poco desarrollado en Chile?
Quizás en otros géneros está más desarrollado, como en el teatro y en el cine. Pero en las artes visuales el tema de la violencia en la guerra está poco desarrollado desde la República en adelante.
¿Algún indicio para entender por qué sucede esto?
Pero más allá de la efectiva creación de obras ligadas al tema, ¿habría o no un análisis sobre las manifestaciones de violencia en el arte al interior de Chile?
Sí, por lo menos en el ámbito político y en libros como los del historiador Salazar. Y en la televisión, pienso aquí en series como "El señor de la querencia", y también en el cine con películas como "Toni Manero". Más allá del poco amor manifestado por sus respectivos directores -personajes obsesos y despiadados, inmunes a toda redención- resulta la puesta en juego de tres aspectos fundamentales de la cultura: el trabajo humano, la muerte y el erotismo, que son los temas centrales y exacerbados en la televisión y en el cine. Pero, como decía Sarduy, la muerte y el erotismo ya son transgresiones toleradas por los medios. Lo que no soporta el público es no entenderlo. No se trata de tematizar la violencia, es que la cultura es violenta, la sociedad es violenta.
Pero una cosa es que vivamos rodeados de violencia y otra es que alguien se de el trabajo de sentarse, analizar y teorizar frente a esto que está pasando cotidianamente, sobre todo a nivel de creación artística.
Exacto. Ahora, en mi opinión, los artistas en Chile no están en contacto con la realidad social porque están muy distantes de lo "real", están más atrasados en su percepción o muy imbuidos en la academia, tanto en la clásica como en la de vanguardia. Es decir, la relación con lo real es muy pobre porque los artistas están muy alejados de los poderes. ¿Qué sería el arte a nivel mundial si no tuviera que negociar con dos poderes fundamentales que son el poder económico y el poder político? Estamos hablando de los artistas visuales, no así los actores o los músicos que son más populares. Entonces, eso también supone una división violenta de las artes y las artes visuales en Chile son poco arriesgadas respecto a dar cuenta de ese contexto porque no tienen una relación más tensa o directa con el poder político y empresarial. Por ejemplo, la violencia genera un espacio violento porque hay cuerpos que chocan y hay diferencias en lo social. ¿Cómo se mide eso? Es lo imposible. Como decía Nietzsche, el mundo es un choque de dos espadas, y el resplandor del choque era la mentira, lo ideal o la verdad. Pero la verdad no está hecha del material con que chocan las espadas, entonces hay que medirlo.
¿Y es posible medirlo?
"A la gente no le gusta la violencia en el arte, pero sí la tolera en la cotidianidad"
Publicado en abril de este año, "Alas de Plomo. Ensayos sobre arte y violencia" da cuenta del poco desarrollo que esta temática ha tenido en Chile en el área de las artes visuales, explicitando que en nuestro país sólo han existido dos momentos en que el arte y la violencia se han vinculado: la República y a fines de los años 50', haciéndose expansivo hasta la Dictadura. Mientras la primera estuvo vinculada a la necesidad de exaltar una conciencia republicana, la segunda surgió ligada a la contingencia político-social de esos años.Luego de esa información, contendida en el prólogo del libro, Guillermo Machuca centra su análisis en el contexto internacional, predominando el caso de Alemania y, en específico de Anselm Kiefer, para ir desarrollando esta temática a partir de la particularidad con que artistas como Goya o Bacon, por ejemplo, abordan el tema de la violencia en su creación artística. "Hay un tema de tensión en el realismo que es no oficial y que descubrí con Argan: el realismo no es copia de lo real, es más, es antinaturalista. Como en Goya o Bacon, el realismo no es mimético, sino aquello que queda cuando ha fracasado lo ideal", dice.
Y agrega: "Entonces, en la teoría actual no se habla de pintura figurativa o abstracta, se habla de lo figural, de la deformación. Es el máximo realismo con la máxima abstracción. Eso lo veo en una escultura de Pablo Langlois que está en el Museo de la Solidaridad, en la escultura y la performance del cuerpo, por ejemplo. Es lo sarcástico que equivale a desollar la piel".
Tomando en cuenta la particularidad del caso de Chile, ¿por qué decide centrar la primera parte del libro en un análisis internacional?
Para tensionarlo con la ausencia en el campo local, exceptuando a las obras de "Juegos de Guerra", que si bien no representan la violencia, sí se instalan en un espacio violento y para un público que no va a exposiciones de arte. Por eso necesitaba obras que resplandecieran porque al ser sublime, es terrorífico y placentero a la vez. La cultura nace como una separación de lo real y esa es una separación de fuerzas. Se justifica una representación que es un marco que separa y divide, y al separar y dividir rompe lo real y, por lo tanto, lo limita violentamente. Los cuerpos virginales del Renacimiento son cuerpos sublimados que expresan la represión de la fuerza del erotismo y de lo diabólico, y esa es una convención violenta. Botticelli representa a una mujer que tiene una belleza sublimada, pero manifiesta que ello es producto de un padre castrado. Esa es la belleza, una apariencia que tiene un fondo terrorífico y dionisiaco. Para Freud, Moisés no era judío, sino egipcio, y tiene que huir cuando se inicia la revolución politeísta. Se lleva a unos esclavos a Canaán y a su dios único, Yave, y mata a todos los que están ahí para instalar su religión. Esa es una relación violenta según Freud. Entonces, el principio de la violencia no sólo lo dijo Nietzsche, sino Marx también. El origen de la sociedad es la guerra.
Y en el caso de su libro, la atención está puesta en Alemania.
Es que Alemania es un país sintomático e insoslayable para todo análisis por el tema del holocausto. Además, el arte alemán es muy influyente en occidente desde la Edad Media en adelante, y a nosotros nos toca porque somos hijos de la tradición latina. El holocausto es un tema determinante en la II Guerra Mundial para todo el mundo, y de ahí surge un problema en Alemania: el tema del duelo, de la melancolía. Creo que Kiefer sería un artista interesante de exponerlo en Chile por el tema de la memoria, aunque hace diez años quizás hubiese sido más interesante. Pero, como dice Kiefer, el problema de la ruina y de la historia es mundial. No se acota sólo a Alemania. Para entenderlo, se supone que el espectador tiene que tener un mínimo de conocimiento. Yo desprecio al espectador común, no creo en la responsabilidad del arte frente a las masas. Creo que el arte es un hecho cultural importante y por tanto es un conocimiento. Se necesitan ciertos protocolos de aprendizaje.
Bajo esa perspectiva, ¿qué pasa con los artistas chilenos?
Son pocos incisivos para trabajar el contexto, no necesariamente porque están alejados, quizás no lo ven. Pero se necesita cierta inteligencia civil, y el arte más reciente se ha ido adelgazando a nivel ético civil comparado con nuestros abuelos que eran personas ilustradas políticamente hablando. Desde Balmes, el artista es un artista civil. Los de ahora son artistas bastante ignorantes en términos sociopolíticos y de historia de la política.
¿Algunos más cercanos a un arte vinculado a la espectacularidad, como da a entender en "Remeciendo al Papa"?
En "Alas de Plomo" dice que "el arte actual es más literal y chocante que el arte premoderno". Frente a ello aparece la duda de si estamos hablando de efectismo fácil o de...
A eso voy. Hay una artista inglesa que vendió la cama donde se hizo un aborto en miles de dólares. Santiago Sierra tatúa a unos inmigrantes, mientras otro artista se corta el cuerpo. Hay una violencia, una impudicia. Ese proceso comenzó en los años 60 y 70 cuando un tipo de los happening austriaco se amputó el pene en la Acción de Viena. Incluso en las religiones extremas los tipos se crucifican. Está en la realidad, en la vida. Quizás a la gente no le gusta la violencia en el arte, pero sí la tolera en la cotidianidad. Pero al arte no se le permite porque es sólo representación. Y eso es violento porque representar es separarse de lo real, aislarse.
Pero el hecho de que ahora sea más literal, chocante, evidente u obsceno, ¿significa necesariamente que esté mejor ejecutada?
¿Y qué pasa con las manifestaciones de violencia más sutiles en el arte, obviando las guerras o genocidios, por ejemplo?
Para mí, la violencia es algo que recorre toda la historia de la cultura. En la medida que exista diálogo, hay violencia porque hay choque aunque eso sea distinto a la violencia desatada o irracional. Pero, como decía Sarduy, el erotismo y la muerte son transgresiones ya toleradas, por lo menos a nivel de masas. Lo que no tolera la gente es la violencia de aquello que no entiende, y por eso no se le da importancia al arte conceptual como ejercicio del lenguaje. Barthes decía que la violencia le parecía interesante como punto de partida y le daba un valor a lo expresivo. Pero cree aún más que tiene que haber una diplomacia de la violencia porque los grupos diplomáticos son los más violentos. El Dadá, por ejemplo, es un arte de shock, violencia y golpe, y Duchamp no es del golpe porque lo que hace es descolocar, te obliga a pensar y te deja en un estado de estupor. Entonces, la violencia de la bofetada, en el fondo, es una violencia que remite al cuerpo de aquello que está violentado. Por eso no creo en el arte contestatario, creo en el arte deconstructivo. La escena de avanzada de Nelly Richard es un arte violento que está en el marco de la guerrilla cultural, pero es deconstructivo y trabaja el desgarro del cuerpo. En Dávila está esa temática, en Gonzalo Díaz, en Altamirano, en Leppe. Pero no es la violencia gratuita. Nietzsche dijo en un libro que hay una necesidad de hacer la guerra y ver adversarios. Es que no es sólo una actividad negativa, es productiva. Santiago Sierra me interesa por eso.
Tomando en cuenta la espectacularidad y banalización de la que da cuenta en "Remeciendo al Papa", ¿qué pasa con la ética en el tratamiento de esta temática?
lunes, 3 de noviembre de 2008
Fidocs: los imperdibles
Hoy empieza Fidocs, la muestra de documentales que este año reúne 562 películas de 32 países en cines como la Sala UC (Alameda 390), Cine Arte Alameda (Alameda 139), Cineteca Nacional (Plaza de la Ciudadanía 26) y Lastarria 90. Imperdible es El Diario de Agustín, de Ignacio Agüero (el mismo de Cien Niños Esperando un Tren, que también se exhibe en el festival) un documental que de tan importante casi no ha salido en los medios: habla del oscuro rol de El Mercurio durante la dictadura militar. Un ataque directo al diario más influyente del país, razón suficiente como para que nadie (ni siquiera su competencia) se atreva a hablar mucho de esta película, con la que se inaugurará Fidocs. Veanla ahora, porque seguro que no se dará en TV abierta. En ALAMEDA, Sab 8, 21h / CINETECA, Dom 9, 16h
"No cambiaría nada", dice la ex soldado Lyndie English, mirando directamente a la cámara. English fue una de las siete "manzanas podridas", soldados sometidos a juicio luego de conocerse las publicitadas fotos de torturas en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, en 2006. Las imágenes mostraban a efectivos de EEUU sonriendo mientras posaban al lado de iraquíes muertos, torturados o en poses sexuales. Standard operating procedure (2008) es la historia de los personajes que tomaron esos retratos que darían la vuelta al mundo.El último documental de Errol Morris tiene varios rasgos en común con lo que ahora se llama su "trilogía de atrocidades", iniciada con Mr. Death (1999) y continuada por la ganadora del Oscar Niebla de guerra (2003): una situación moralmente ambigua, entrevistados que hablan a cámara y cinematográficas recreaciones, todo complementado con la banda sonora de Danny Elfman. Aunque la historia no necesita de mayores adornos: es suficiente con los escalofriantes testimonios -pagados, según ha reconocido Morris- de los victimarios. Ellos insisten en que sólo "ablandaban" a sujetos que bautizaban como "Gus" y "Gilligan", que cumplían órdenes superiores. Además, que las imágenes no eran situaciones reales de tortura, sino "poses para la foto". Los verdaderos criminales, dicen, son los que nunca fueron fotografiados ni juzgados: esos que interrogaban a puertas cerradas y luego dejaban cadáveres abandonados en la cárcel. ¿Cuánto les cree Morris? Lo suficiente como para querer ver más allá del marco de las fotos: allí donde todos dejaban de posar y donde todo fue recortado y manipulado para hacer caer a sólo un puñado de soldados de bajo rango.
Ser y tener (2002) se convirtió en un sorpresivo éxito de taquilla al llevar a 1.800.000 franceses al cine a ver un sencillo documental sobre el fenómeno de las "clases únicas" en las escuelas de Francia. Cinco años después su director, Nicholas Philibert, vuelve con Regreso a Normandía (2007) aplaudida cinta que habla tanto de él mismo, como de la Francia rural y que fue descrita por The New York Times como "un extraordinario viaje a través del tiempo, la memoria y las repercusiones de un crimen desconcertante". Todo comienza con un asesinato: en 1835, un granjero francés mató a tres miembros de su familia y luego lo confesó en un largo y detallado escrito. Casi un siglo y medio después, el influyente Michel Foucault rescató el texto y lo publicó bajo el nombre de Yo, Pierre Riviére, habiendo matado a mi madre, mi hermana y mi hermano (1973). Este libro inspiró en 1976 una película homónima dirigida por René Allio, que recrea el triple homicidio en una localidad de Normandía, muy cerca de donde ocurrieron los hechos reales, con actores no profesionales elegidos entre los pobladores.Esa cinta es el génesis de Regreso a Normandía, especie de reunión del pasado y el presente de todas esas historias. Philibert fue el director asistente de Yo, Pierre Riviére... y tres décadas después llega a la misma localidad para retomar la historia de la cinta que definió su carrera cinematográfica, así como la existencia futura de los pobladores de Normandía. ¿Qué ocurrió con esos lugareños? ¿Cómo afectó al director? Y en especial, ¿qué pasó con Claude Hebert, el recluido protagonista de la antigua cinta?viernes, 24 de octubre de 2008
Último día de Il Succeso
¿Y por qué se cierra? El dueño, un español según entendí, va a ganar lo mismo que deja el local mensualmente arrendándoselo a Farmacias Cruz Verde. Esta sucursal de Il Succeso duró cerca de 25 años en esa esquina. Y hoy no habrá nada especial: sólo será el último día de otro local antiguo que se cierra.
(A.F.)
sábado, 11 de octubre de 2008
Autorretrato, de Robert Creeley
Autorretrato
Quiere ser
un viejo brutal,
un viejo agresivo,
tan aburrido y tan brutal
como el vacío que lo rodea.
No quiere compromisos
ni ser alguna vez amable
con alguien. Sólo un miserable,
sin vuelta atrás en su brutal
y absoluto desprecio de todo.
Trató de ser dulce, gentil,
intentó el "oh, sí,
tomémonos de las manos"
y fue horrible,
aburrido, brutalmente intrascendente.
Ahora él se parará
sobre sus piernas debiluchas.
Sus brazos, su piel,
se consumen a diario. Y sí, ama,
pero odia por igual .
**
Self-Portrait
miércoles, 8 de octubre de 2008
Documental sobre la TV en el Metro
De acuerdo a la legislacion vigente DTO 212 art.50 se declara "Prohíbese en los vehículos de locomoción colectiva urbana el funcionamiento de radios portátiles, tocacasetes o instrumentos musicales en su interior. La radio del vehículo podrá ser puesta en funcionamiento siempre que su volumen sea moderado y ningún pasajero se oponga."Esta ley, decretada en 1992, no consideró la posibilidad de que en algún momento existiese la implementación de televisores en el sistema de locomoción pública, dado el contexto tecnológico de ese momento.Es evidente que esta ley busca proteger a los usuarios de las molestias que pudiesen causar cualquier sistema de audio durante el viaje.Pero desde abril de 2008, metro santiago habilitó televisores dentro de los vagones, al margen de ya haberlo hecho en los andenes, frente al malestar general de los usuarios, creyendo ser ésta, la más certera solución para calmar a la masa.De su función de "entretener, educar y acompañar", su parrilla prográmatica se remite a un 41% de publicidad.
domingo, 14 de septiembre de 2008
Apuntes
Olvidé todo lo que quería decir. Todo es tan predecible y tan inesperado. La palabra todo, que incompleta y fatua. La palabra palabra, como rima con abracadabra. Abrapalabra, y de los signos brotan sentidos como conejos del sombrero del mago. Hoy conversé con las cucarachas y los caracoles. Jugamos naipes en la oscuridad.
Paula, una hija de Cortázar, me dice:
“Cuanto mejor es el libro que leo, más me repugna”.
El sol nos somete a la luz.
Pero siempre hay un sótano o un adentro.
*
“El sonido es la sombra del silencio” escribió un amigo. “Gusanos de luz las palabras de los otros”, o algo parecido, dijo alguna vez otro poeta.
*
Espero la micro pero la dejo pasar. Es domingo en la tarde, hay poca gente en las calles, estoy absorto en cosas mínimas y disfruto de la maravillosa lentitud del día. Ahora tengo ganas de caminar y tararear algo de Spinetta.
*
Todo es tan redundante como una lámpara encendida a mediodía en pleno verano.
*
Ahora llueve y oigo el motor de una vieja citroneta azul, que atraviesa lenta una calle cualquiera. Así quisiera atravesar la ciudad. O mejor aún en una carreta tirada por caballos viejos que gusten de contar historias.
*
Pero aquí no hay carretas ni caballos con historias. Repentino silencio.
A.F.C.
domingo, 31 de agosto de 2008
Metro TV: la entretención total

Recuerdo que en las antiguas micros de Santiago uno podía leer esto: "La radio de este vehículo puede funcionar a un volumen moderado y siempre que ningún pasajero se oponga". Era un derecho que podía reclamarse o no, pero que existía. ¿Por qué en el Metro no está esa leyenda?
Sería bueno poder decirle a un guardia: sabe que me molesta la TV, ¿podría apagarla? ¿Por qué tenemos que estar obligados a soportar la TV encendida continuamente en los andenes y los carros? Y luego bajarse y caminar por el centro con música de supermercado de fondo... Parece que en esta ciudad, la "entretención" es un deber al que no se puede renunciar.
miércoles, 6 de agosto de 2008
Estreno en Chile: 4 meses, 3 semanas y 2 días
Es 1987 y el régimen de Nicolas Ceaucescu parece firme. El mercado negro permite darse algunos gustos -como fumar cigarrillos importados o usar cremas faciales-, pero fuera de ello, todos los personajes de esta cinta rumana ganadora en Cannes 2007, viven sobre una calidad moral que se mueve entre lo siniestro y lo amargo. Cada conversación termina mal y nadie es sincero con el otro. Un oscuro panorama que impresiona por como es retratado. No abundan los diálogos, sí las largas secuencias, junto a planos fijos y contemplativos que profundizan las amargas miradas.Es ahí donde una joven estudiante ayuda a su amiga a abortar -acto ilegal que no se explica ni se ve en pantalla-, algo que a la larga hace aflorar más las humillaciones de vivir en un ambiente represivo que algún sentimiento de culpa. Eso, es finalmente, lo que hace de este debut de Cristian Mingui tan potente y excelente. Su idea no es achacarnos con alguna lección de vida, lo de él es hacer un retrato de vivir con las palabras atragantadas, de vivir con los sentimientos amarrados. Y lo logra como en las mejores películas.
(Fuente: La Tercera)